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Sistemas Políticos y Régimen Político


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"Sistemas políticos y régimen político: El sistema político es el resultado de las opciones políticas, económicas y sociales acogidas por una sociedad determinada, en un momento determinado; el régimen político muestra las materializaciones coyunturales de las relaciones de poder, tanto políticas como económicas, en esas sociedades.

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Sistemas políticos

Artículo de: Régimen político

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1) Sistemas políticos: definición
2) Concepto de sistema político
3) Características de sistemas políticos
4) Sistemas políticos democráticos
5) Sistemas políticos autoritarios
6) Sistema democrático

Sistemas políticos: definición de sistema político


Definición de sistema político según la Real Academia de la lengua Española (RAE)

La gobernabilidad es la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legitimo por la ciudadanía, permitiendo así el libre ejercicio de la voluntad política del poder ejecutivo mediante la obediencia del pueblo.
Dentro de esta definición se debe tomar en cuenta dos variables la primera es la eficacia, y la segunda la legitimidad. La eficacia puede entenderse como el cumplimiento de los objetivos del gobierno (capacidad de aprobar leyes, la eficiencia para ejecutarlas a través del aparato burocrático y la aceptación de los involucrados para poder aplicar estas políticas). La legitimidad se puede considerar como la aceptación de los ciudadanos de la dominación del gobierno.

Definición de sistema político según David Easton

Un sistema político es un conjunto de interacciones políticas. Lo que distingue las interacciones políticas del resto de interacciones sociales es que se orientan hacia la asignación autoritaria de valores a una sociedad.

Definición de sistema político según Gabriel Almond

Un sistema político es un sistema de interacciones, existente en todas las sociedades independientes, que realiza las funciones de integración y adaptación, tanto al interior de la sociedad como en relación con las otras, mediante el uso o la amenaza del uso de la violencia física más o menos intereses en formulaciones generales y por medio del reclutamiento de personal comprometido con una cierta orientación política.


Diferencia entre sistema político y régimen político ¿son expresiones sinónimas?

Para algunos, régimen político y sistema político son expresiones sinónimas. Una y otra designan el conjunto de instituciones políticas, que constituyen el sub-sistema político de un sistema social. Para nosotros el termino sistema político designa un conjunto más amplio que el termino régimen político. Estudiar un sistema político no es solamente analizar sus instituciones políticas y su organización ordenada en un régimen político. Es estudiar también las relaciones entre el régimen y todos los otros elementos del sistema social: económicos, técnicos, culturales, ideológicos e históricos entre otros.

Diferencia entre sistema político y forma de gobierno

El término «sistema político» ha sido confundido con el de «forma de gobierno» porque alude a la estructura y funcionamiento de los poderes públicos. Los términos «forma de gobierno» o «régimen político» o «sistema de gobierno» o «modelo de gobierno» definen con distintos matices la forma de ejercitar el gobierno, es decir, los distintos tipos de poder por parte de poder gobernante, y una «estructura de gobierno» o es la forma en la que se estructura dicho poder, sin embargo el término «sistema político» define al sistema en el que se encuentra inmerso dicho poder y en el cual ha de desenvolverse para conseguir su objetivo.

Sistemas políticos: concepto de sistema político


Concepto de sistema político

El concepto aparece como un enfoque teórico abstracto a partir de la aplicación de la teoría sistémica a la ciencia política. El sistema político, en cambio, hace referencia ya al funcionamiento en sí de los distintos actores en el espacio público. El concepto mismo de sistema hace referencia a un conjunto de operaciones y relaciones entre las partes que hacen que el todo (es decir el sistema en sí) sea mucho más que la simple suma de cada parte por separado. 

Se habla por ejemplo de sistema de partidos políticos, cuando se describe si existe un solo partido político (sistema de partido único) o dos partidos (bipartidismo) o varios (sistema multipartidario) o cuando uno solo gana siempre las elecciones (sistema de partido hegemónico) o cuando uno es más fuerte que el. Pero no es solo el sistema de partidos lo que da su estructura al sistema político, el que es mucho más amplio. Intervienen en el sistema político otros actores de la realidad social, como los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil, las iglesias, en algunos casos el ejército, la opinión pública, la prensa, y otros. El sistema político suele ser una realidad muy compleja a investigar y evaluar, con múltiples relaciones, donde cada parte del mismo interactúa con las demás. Estas interacciones, a los fines de su estudio, se dividen en inputs (que es lo que cada parte recibe de las demás) y outputs (que es lo que genera hacia las otras). Dentro de cada parte se procesan los diversos inputs y de este proceso surge una salida o output, que a su vez se convierte en input de alguna otra parte. El estudio del sistema adquiere entonces una enorme complejidad, por el diverso grado de relaciones existentes y las interrelaciones que se producen.

El concepto de sistema político se inicia con Aristóteles

Algunos politólogos e historiadores afirman que el concepto de sistema político se empieza a vislumbrar con Aristóteles y dentro del enfoque pseudosistémico aplicado a la política en el Leviatán de Hobbes.

Su origen más reciente se atribuye a autores como David Easton, Almond, M. Weinstein o H. Jaguaribe, que aplican por primera vez la teoría sistémica a la vida política, añadiendo a su fundamento la concepción estructural funcionalista del sociólogo estadounidense Talcott Parsons sobre el análisis sistémico y estructural de la vida social que define funcionalmente los procesos de cambio en sociedad y política.

Sistemas políticos: características del sistema político


Las cuatro funciones que deben ser realizadas por un sistema y que se hacen requisitos imprescindibles para atribuir efectivamente la conceptualización de sistema político a un ente determinado:

• La adaptación, que se configura por la relación del sistema con el medio exterior, dentro del cual se encuentra y a su vez, interactúa.
La persecución de objetivos, que consiste en la movilización de las energías del sistema hacia las metas que se han propuesto.
La de integración, que se define por las acciones que permiten mantener la coherencia del sistema.
Lo que se denomina «latencia», que es la capacidad de motivación del sistema para alcanzar los objetivos señalados.
De esta forma, el concepto nace a partir de la teoría general de sistemas y se ha vinculado históricamente a la teoría funcionalista.

Sistemas políticos democráticos

Sistemas parlamentarios y sistemas presidencialistas

Sistemas democráticos parlamentaristas

Los Estados democráticos desarrollan un sistema de democracia parlamentaria en la que el papel predominante de la vida política lo desempeña la Asamblea de diputados o Parlamento, elegida por sufragio universal. Esta asamblea ejerce el poder legislativo y elige al presidente del Gobierno, que tiene el poder ejecutivo y es responsable ante ella, de tal manera que, cuando pierde el apoyo mayoritario, el gobierno se ve obligado a dimitir. El jefe del Estado puede ser un soberano hereditario (rey) o un presidente electo, pero en ambos casos sólo asume la representación oficial del Estado. Sus poderes vienen fijados por la Constitución, que varía según los diferentes Estados. En general, el jefe del Estado es el encargado de nombrar como presidente del Gobierno al líder del partido que ha obtenido la mayoría de los votos en las elecciones a la Asamblea de diputados. La preponderancia del parlamento otorga a los partidos políticos un papel de primer orden en la vida política del país. Ellos elaboran las candidaturas a las elecciones y organizan los grupos parlamentarios entre los diputados electos de cada partido.

Sistemas democráticos presidencialistas

Estados Unidos, y Francia en menor medida, presenta un tipo de democracia también parlamentaria, pero presidencialista. En la democracia americana, el poder ejecutivo está en manos de un presidente elegido directamente por sufragio universal y que es a la vez jefe del Estado y presidente del Gobierno. Asume grandes poderes y nombra una administración formada por secretarios (ministros) que sólo son responsables ante él y que sólo él puede destituir. El poder legislativo está en manos de un Congreso con dos cámaras: la de Representantes, que cuenta con un número de delegados de cada Estado escogidos proporcionalmente entre la población, y el Senado, que cuenta con dos senadores por Estado. Los dos poderes, ejecutivo y legislativo, se necesitan mutuamente para poder gobernar y, en la práctica cotidiana, el Congreso controla la política del presidente mediante la votación anual del presupuesto. El Presidente puede vetar una ley propuesta por el Congreso, pero no tiene la facultad de disolverlo. El Congreso no puede destituir al Presidente y sólo en casos de extrema gravedad puede aplicar el procedimiento de impeachment y destituirlo.

Sistemas bipartidistas y sistemas multipartidistas

La mayoría de los sistemas democráticos europeos (Francia, España e Italia) se basan en el multipartidismo. En el espectro de partidos democráticos predominantes, podemos distinguir tres grandes familias ideológicas: los conservadores, defensores de los derechos individuales y partidarios de mantener el orden social y de reducir la intervención del Estado; los democratacristianos, confesionales de carácter conservador, pero con mayor sensibilidad por los temas de justicia social; y los socialistas, que otorgan al Estado un papel importante como redistribuidor de la riqueza a partir de la política fiscal. Este abanico puede ampliarse con los partidos comunistas, nacionalistas, ecologistas, etc., que suelen configurar importantes minorías parlamentarias. Cuando ningún partido consigue la mayoría suficiente para garantizar la elección del presidente del Gobierno, suelen realizarse alianzas, y los partidos bisagra se convierten en un elemento vital para el mantenimiento de la estabilidad del gobierno, que suele ser de coalición. La democracia americana, como en el caso británico, se configura en la práctica como un sistema bipartidista. En Gran Bretaña, los dos partidos son el Partido Conservador y el Partido Laborista, mientras que en Estados Unidos son el Partido Republicano y el Partido Demócrata. En el sistema americano, los republicanos tienen un carácter más conservador y tienen el apoyo del mundo de los grandes negocios, mientras los demócratas presentan un programa de carácter más social, suelen contar con el apoyo de los sindicatos y las minorías étnicas y recogen buena parte del voto de las clases medias. A diferencia de sus homólogos británicos, los diputados americanos no están obligados a seguir ninguna disciplina de voto en el Congreso, y el presidente a menudo debe buscar el apoyo de diputados de ambos partidos. Esta relativa independencia explica el importante papel que los lobbies, grupos de presión, desarrollan en la democracia americana.

Estados unitarios y Estados federales

Los estados unitarios centralizados

Los Estados unitarios, es decir, aquellos que tienen una organización uniforme para todo el territorio y toman las decisiones desde un único centro político, tienen una larga tradición en Europa. Algunos son muy centralistas, como es el caso de Francia, donde los Departamentos y los Municipios tienen pocas atribuciones y se gobierna todo el Estado desde París. Otros, en las últimas décadas, han optado por una organización descentralizada en la que se reconoce la autonomía de algunas nacionalidades o regiones y se les reconoce una cierta capacidad de autogobierno, a la vez que las grandes ciudades han conseguido importantes competencias políticas. Es el caso de Bélgica, de Gran Bretaña y también de la España de las Autonomías, creada por la Constitución de 1978, que dota a las regiones una amplia capacidad legislativa.

Los estados federales o descentralizados

El modelo de Estado federal parte del reconocimiento de la personalidad de los diversos Estados que lo integran, y cada uno de ellos goza del derecho a legislar y a tener sus propias instituciones políticas. El poder y las responsabilidades políticas quedan, pues, repartidos entre los diversos Estados y el poder federal. Este último suele ocuparse de los asuntos referentes a política internacional, economía, defensa y seguridad. Es el caso de Estados Unidos, donde los 50 estados que integran la Unión tienen muchas atribuciones; y en Europa tenemos el ejemplo de Alemania, configurada por diversos Lander, aunque con menores poderes. Suiza presenta una estructura confederal, con un poder central muy débil que se reduce a la coordinación de los diversos cantones, que son casi soberanos.

Los diferentes sistemas de escrutinio electoral

Los sistemas de escrutinio electoral vienen determinados por las respectivas leyes electorales. El modelo de distrito unipersonal, que se utiliza, por ejemplo, en Gran Bretaña y EE UU, es el más simple. El escaño de diputado en cada circunscripción lo obtiene el candidato que ha obtenido la mayoría relativa de votos en aquel distrito. Este sistema favorece, sin duda, el bipartidismo, ya que son los dos grandes partidos mayoritarios los que consiguen obtener las mayorías relativas. El escrutinio proporcional es el más extendido y permite que los partidos minoritarios tengan presencia en el Parlamento. Los electores escogen entre las diversas candidaturas y cada una obtiene un número de escaños proporcionales al número de votos obtenido. Pero, para poder garantizar la obtención de mayorías parlamentarias, muchas leyes electorales han introducido modificaciones que benefician numéricamente a los partidos mayoritarios. Los sistemas políticos republicanos en que para la elección del presidente de la República se presentan modelos de electorales variados. En Francia, los ciudadanos votan directamente a los diversos candidatos. En Estados Unidos, los electores de cada Estado eligen a sus compromisarios, que son los encargados de la elección del presidente (sufragio indirecto). Además, existe la tradición de que cada partido celebre unas elecciones primarias para designar al candidato presidencial. Finalmente, en otros Estados, como Alemania e Italia, el presidente de la República no es votado directamente por los electores, sino por el conjunto de diputados y senadores.

Los problemas de la democracia

Existe en nuestros días un consenso generalizado sobre la idea de que el democrático es el sistema político más justo y positivo entre los existentes. Sin embargo, no por ello debemos olvidar los problemas que arrastra la democracia y que debe afrontar y superar si quiere convertir en realidad el principio de la libertad y la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Un primer grupo de problemas se relaciona con el papel de los ciudadanos en la democracia, progresivamente identificado o reducido a la simple práctica electoral. Además, cabe destacar el aumento del abstencionismo electoral, ya que se constata que el número de personas que participa en las elecciones tiende a disminuir (en Estados Unidos, por ejemplo, normalmente vota menos de la mitad del electorado). Este fenómeno va unido a un cierto desprestigio de los partidos políticos, a los que se acusa de estar controlados por una minoría que impone sus criterios, de falta de debate interno y de excesivos casos de corrupción económica. La rígida disciplina de voto de la mayoría de los partidos ha hecho decaer la vida parlamentaria y los debates han perdido parte de su función y de su interés, ya que el voto puede preverse anticipadamente y al margen de las discusiones parlamentarias. Por otro lado, el elevado coste de las campañas electorales aleja de la pugna política a los partidos que no tienen medios económicos para financiarlas y deja a los más fuertes en manos de quienes les han concedido apoyo económico. La necesidad de fondos que los militantes no pueden aportar ha contribuido a utilizar métodos de financiación irregular, y bastantes veces ha desembocado en casos de corrupción, con la consiguiente merma de confianza del electorado en la transparencia de las finanzas de los partidos políticos. También ha perjudicado la salud de la democracia el protagonismo de los medios de comunicación, ya que son los que canalizan y construyen buena parte de la opinión pública. La guerra de estos medios por la audiencia ha convertido la legítima oposición política en un "espectáculo" de la política, que otorga un gran poder mediático a las grandes cadenas televisivas o radiofónicas y a la prensa. Un segundo orden de problemas tiene un cariz más económico y social. Algunos analistas consideran que existe una contradicción de fondo entre los principios igualitarios de la democracia y la lógica del sistema capitalista. Denuncian la oposición entre las ambiciones económicas del mundo empresarial, con beneficios astronómicos, y las expectativas democráticas de los ciudadanos, que exigen no solo libertades políticas, sino también la consolidación del Estado del Bienestar, garantizado por la redistribución de la riqueza a partir de un sistema fiscal progresivo. Finalmente, un tercer grupo de problemas se fundamenta en la constatación de que los derechos democráticos no benefician de la misma manera a todo el conjunto de la población. Cada vez son más numerosas las voces que reclaman la regulación de unos derechos específicos para determinados colectivos, como las minorías nacionales en el interior de los Estados, las poblaciones indígenas dentro de las naciones antiguamente colonizadas o los inmigrantes procedentes del Tercer Mundo. Los movimientos a favor de la multiculturalidad y de la igualdad de derechos entre los habitantes de un mismo Estado denuncian la falta de neutralidad cultural de las democracias, que en nombre de los valores de la mayoría (religión, lengua, cultura, etc.) margina en la práctica a todos aquellos que no los comparten.

Los sistemas políticos autoritarios

Los sistemas autoritarios

Actualmente, más de la mitad de los habitantes del Tercer Mundo vive en sistemas no democráticos donde la violencia, la fuerza y la corrupción se imponen como reglas de convivencia y la violación de los derechos humanos pasa a convertirse en un hecho cotidiano. La separación de poderes en estos sistemas no existe, la independencia del poder judicial es una ficción y, a menudo, las instituciones otorgan poderes excepcionales a una persona que domina la vida política. Son regímenes dictatoriales sometidos a una constante inestabilidad política provocada por actos de violencia y golpes de Estado, y donde el Ejército tiene un importante protagonismo en la vida política. A pesar de una serie de características comunes, pueden establecerse diferencias entre los regímenes políticos no democráticos.

Los sistemas democráticos degradados

A pesar de respetar las reglas básicas de la democracia (marco constitucional, partidos, elecciones...), la Constitución otorga excesivos poderes al ejecutivo, y son muy amplias las prerrogativas del Presidente y del Gobierno en detrimento de las del Parlamento. Así, el juego democrático se convierte en una ficción mantenida por unas elecciones falseadas en las que se ofrecen a la oposición muy pocas posibilidades de ganar. Además, las libertades y los derechos públicos no siempre pueden ser ejercidos (derecho de expresión, de opinión, de reunión, de manifestación, de prensa, etc.) y la oposición política es combatida con métodos no democráticos. Esta situación corresponde a algunos países latinoamericanos, asiáticos y del antiguo bloque del Este.

Los sistemas de partido único

Otra alternativa que se da es la existencia de sistemas políticos basados en un partido único que ejerce el poder de manera dictatorial como ocurre en un buen número de países de Oriente Medio y de África. El partido único se confunde aquí con el aparato del Estado, al frente del cual se sitúa un presidente que es a la vez líder del partido, jefe religioso o dirigente del grupo oligárquico establecido en el poder. En este contexto, la violencia es el medio más frecuente de relación entre el gobierno y sus opositores. Los movimientos armados se convierten en la única salida de una oposición que no dispone de recursos democráticos para expresarse ni de garantías democráticas para alcanzar el poder. En contraposición, el Estado legitima la violencia institucional como único medio para mantener orden social.

La violación de los derechos humanos en sistemas no democráticos

En todos los Estados del mundo se cometen atentados, más o menos flagrantes, contra los derechos humanos, pero es en los sistemas no democráticos donde estas violaciones constituyen una práctica habitual. El Informe de Amnistía Internacional del año 2001 documentaba torturas y malos tratos en 125 países del mundo. La detención arbitraria y sin juicio es un hecho frecuente en las dictaduras, donde un buen número de personas son confinadas en prisiones, a menudo en unas condiciones materiales deplorables, sólo por decisión de la administración, de la policía o del ejército, sin intervención del poder judicial. Estas detenciones arbitrarias van acompañadas de malos tratos e incluso torturas, y, en muchos casos, no se respeta el derecho del detenido a una defensa justa. También son frecuentes, en las dictaduras o en los países en guerra, las ejecuciones sumarias, es decir, sin juicio previo y que pueden llegar a afectar a miles de personas, que son asesinadas por su origen étnico, su religión o ideología política. Los asesinatos en masa de elevados contingentes de población civil, en la que son numerosas las mujeres y los niños indefensos, han proliferado en numerosas guerras, y en casos como los de Bosnia o Ruanda se puede incluso hablar de genocidio. Pero la violación de derechos humanos también está presente en algunas esferas de los países más desarrollados y democráticos. Un caso particular es el ámbito doméstico, donde se ejercen también malos tratos contra mujeres y niños. Por otro lado, la pena de muerte continúa vigente en la legislación de muchos países, algunos de ellos con regímenes democráticos.

Sistemas políticos: sistema democrático


Existen dos grandes tipos de sistemas políticos:
• Sistemas democráticos:  Democracias estables; Democracias en proceso de consolidación y desarrollo
• Sistemas no democráticos
 
El concepto de democracia, en términos generales, puede expresarse a través de dos concepciones básicas: la concepción crítica, que desarrolla un concepto normativo respecto de los valores al expresarlos como un concepto ideal-teleológico que persigue la autodeterminación de los seres humanos. Por otro lado, la concepción positivista entiende la democracia como procedimiento para la toma de decisiones.
 
De aquí arrancarían dos concepciones clave: una, de carácter sintético, que exige el principio del gobierno representativo y responsable sujeto a control parlamentario, y al de las elecciones, y otro, de carácter comprensivo, que entiende la democracia como un sistema institucional que tiene la finalidad de tomar decisiones, y donde los individuos adquieren el poder de decidir mediante un proceso de elección colectiva en un ámbito de competencia.
 
Esto nos lleva a considerar tres concepciones importantes en el análisis de los regímenes democráticos:
 
1. La concepción individualista de la democracia que parte de una concepción racionalista del individuo. Así, por ejemplo, Downs considera a los individuos como votantes (clientes), y a los partidos políticos como oferentes de políticas públicas. La democracia es el mercado en el que los votos les sirven a los individuos para adquirir determinadas políticas.
 
2.  La concepción colectivista o socialista se estructura sobre tres ideas principales:
•   La idea de democracia social (socialdemocracia), que implica la extensión de la ciudadanía social, de los derechos sociales.
•  La idea de democracia económica: que supone la reducción de la desigualdad por razones de riqueza, mediante la socialización.
•  La idea de democracia industrial que determina la participación de los trabajadores en los procesos de producción.
 
3. La concepción procedimental de la democracia, que parte de los análisis de Schumpeter y Dahl, entre otros, y que asegura que la democracia es un procedimiento que garantiza la propia democracia, lo que requiere ciertos requisitos como: libertad de asociación y organización política; libertad de expresión; derecho al voto y capacidad electoral activa y pasiva no restringida; competencia electoral pacífica entre líderes y entre partidos políticos; existencia de una información plural y fiable y, en suma, disponer de procesos electorales periódicos, libres, fiables y suficientemente tutelados.



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